La ciencia en persona – Entrevista con Juan María Solare

Las siguientes preguntas fueron planteadas a Juan María Solare en una entrevista realizada en el marco del proyecto Wissenschaft persönlich (La ciencia en persona), organizado por WFB Wirtschaftsförderung Bremen. Las respuestas en alemán se encuentran aquí: https://www.bremen.de/wissenschaft-persoenlich-juan-maria-solare . Algunas formulaciones son ligeramente distintas por la naturaleza de los idiomas involucrados. Las respuestas originales fueron redactadas en castellano; la traducción al alemán es del propio autor, quien agradece a Gudrun Zelle por su asesoramiento gramatical.

1 – ¿Qué sería usted si no fuera artista o músico?

[Nota: en alemán esto tiene más gracia porque les da lo mismo ser que estar.]

JMS: Una vez se me planteó una pregunta similar en una entrevista radiofónica pregrabada. «Si usted no pudiera ser músico, sería…» Mi respuesta espontánea fue «estaría muerto«. Esta pregunta fue posteriormente eliminada. Los redactores creyeron que era una superficial boutade y posiblemente no vieron el sentido detrás de esta afirmación, concretamente, que si no pudiera ejercer el arte musical me desecaría. Así que, por las dudas, respondo aquí también de otro modo: entre las alternativas posibles estuvieron la arquitectura y la química inorgánica (nótese que el Ars Combinatoria y la pasión por construir mundos inexistentes están muy presentes en ambas disciplinas, lo mismo que en la composición musical). Una tercera alternativa hubiese sido la literatura. Me encanta escribir, tanto ensayos como narraciones de ficción, como están ustedes a punto de testimoniar.

2 – ¿Cuándo descubre usted que su trabajo es hermoso? ¿Qué momentos contribuyen al entusiasmo?

JMS: (a) Cuando puedo tocar un alma o generar entusiasmo estético, el cual es una forma de experiencia ahá. (b) Cuando se me acerca alguien después de un concierto y me revela que mi música le ha devuelto las ganas de vivir. Esto me pasó, aunque no ocurre todo el tiempo, sospecho que porque la gente no se anima a decirlo, o incluso no es capaz de verbalizar esa experiencia ni para ella misma.

3 – Imagínese que tiene un stand en el mercado y tiene que explicar a los visitantes aquello en lo que está trabajando. ¿Qué aspecto tendría ese stand?

JMS: como un laboratorio con tubos de ensayo, alambiques y retortas aparentemente incomunicados y caóticos pero que en realidad integran un sistema absolutamente coherente, como un organismo viviente donde cada órgano tiene una función imprescindible e irreemplazable.

4 – ¿Qué significación social tiene su trabajo y en qué consiste su utilidad?

JMS: Ciertas cosas no tienen una aplicación inmediata, utilitaria y unidireccional del tipo «IF-THEN» (de «causa-efecto»). Contribuyen a la formación de la personalidad en su conjunto. Es el caso de la música. Si hay algo que los músicos pueden proyectar a la sociedad es el arte de oir. Después de todo, oir es la precondición del diálogo, que es la forma fundamental de la comunicación.

5 – ¿Cuándo habla en su trabajo de progreso? O preguntado de otro modo: ¿cómo salva usted al mundo?

JMS: Consuelo. Salvo al mundo aportando consuelo mediante la música. Consuelo ¿de qué?, podrían preguntarme. Me parece que hay suficiente dolor en el mundo o en la vida personal; tabuizarlo no es sano, y negarlo no ayuda a canalizar su energía latente.

Luego, es difícil definir la noción de progreso en el arte. Tampoco en la ciencia es siempre claro qué es progreso (recuerden la famosa anécdota de Michael Faraday al presentar el electromagnetismo – le preguntaron «¿para qué sirve esto?», respondió «señora, ¿para qué sirve un bebé?»). Es indispensable separar el concepto de «progreso» del de «resultados inmediatos«, ya para la investigación científica básica, donde existen multitud de experimentos que sólo dan por resultado una vía muerta, un «así no se hace» (y recordemos aquí a Edison y sus 9999 maneras de NO crear una bombilla de luz).

En segundo lugar, «gran parte de la investigación científica no se dirige a solucionar un problema concreto, sino a comprender cómo funcionan las cosas» (Esperanza Domingo Gil).

Por último, el progreso no es una línea recta ininterrumpida, bidimensional. El modelo de progreso tiene que ser al menos tridimensional (agregando la profundización en lo que ya se conoce). Además, será inspirador cambiar el modelo de «progreso como línea recta» por el de «progreso como línea de naturaleza fractal».

Para complicar las cosas, en el arte es aún menos clara la noción de progreso. Las herramientas técnicas, los instrumentos pueden progresar, ¿pero la estética? Luego de la posmodernidad, nadie tiene autoridad -o credibilidad- como para determinar hacia dónde queda «adelante».

6 – ¿Nos confía cuál es su instrumento de trabajo favorito o su método de investigación más importante?

JMS: el piano sigue siendo mi instrumento de trabajo predilecto. Es un amigo y un confesor, en el mismo sentido que un caballo es el amigo y confesor de un gaucho o de un cowboy. Le siguen el software musical para generar u organizar sonido y grabaciones (por ejemplo, la Digital Audio Workstation llamada Reaper) y el software para escribir partituras (que uso a diario desde hace décadas).

En cuanto a mis métodos de investigación, el análisis musical es uno de los principales, donde la cuestión central es «veamos cómo mis antepasados solucionaron sus problemas». Claramente, mis problemas compositivos no serán idénticos, pero no es ese el quid de la cuestión: al analizar música ajena no busco respuestas concretas, sino conocer maneras de encarar los «problemas» creativos. El análisis musical es comparable a lo que en informática se conoce como reverse engineering. Una ironía es que la ingeniería inversa tiende a ser éticamente reprochable y a veces ilegal, mientras que el análisis musical es altamente respetado.

7 – ¿Cuándo y por qué los caminos lo condujeron a Bremen? ¿Y de dónde venía?

JMS: ¡Al fin una pregunta sencilla! Vengo de Buenos Aires, Argentina. Tras obtener allí mis diplomas (en piano, composición y dirección orquestal), fui a Colonia para realizar estudios de posgrado en composición musical (instrumental y electrónica). Luego viví un año en el poblado de Worpswede como artista en residencia. Paralelamente, comencé diálogos con gente de la Universidad de Bremen. Concretamente fue Andreas Lieberg quien me sugirió asumir la dirección de la Orquesta no Típica, un ensemble de cámara de la Universidad que se dedica a la música de tango. Ejerzo esta actividad desde hace nada menos que veinte años. Así, Bremen es una de las pocas ciudades europeas donde se puede estudiar música de tango a nivel universitario.

8 – ¿Qué valora usted del estado federado de Bremen como centro científico? ¿Qué lo detiene aquí?

JMS: un aspecto importante es mi familia. Tengo tres chicos. ¿Qué voy a hacer, irme y dejarlos en la estacada? No soy esa clase de padre. Dicho lo cual, no me siento a disgusto laboralmente en Bremen. ¿Que alguna cosa podría mejorar? Seguramente (como la estabilidad laboral y las condiciones de trabajo), pero no tengo una fuerte motivación para irme. No olvidemos además un aspecto psicológico: ya emigré de Argentina a Colonia, y luego de Colonia a Bremen. ¿Por qué, para qué otro cambio más? ¿Mejoraría sustancialmente una mudanza mi status de vida? Un nómade también se cansa.

9 – ¿Le falta algo?

JMS: Sí, pero no creo que tenga que ver con carencias de Bremen sino mías. Siento por ejemplo que me falta input de calidad, o personas que pueda considerar mis pares (y que no tengan una agenda repleta). ¿Saben qué ocurre? Es muy poco probable encontrar otra persona que haya tenido experiencias similares a las mías, y toda comunicación requiere experiencias compartidas.

10 – Los trechos en Bremen y Bremerhaven son consabidamente cortos. ¿Cómo se desplaza usted por la ciudad?

JMS: Bus & tranvía, tren, a veces bicicleta. Pero desde mi casa (Am Dobben) a la Hochschule für Künste (Domsheide) voy habitualmente a pie, cruzando por «el lago de los patos», como lo llaman mis chicos, es decir la Wallanlage.

11 – Si tuviera usted que comparar la escena científica del estado federado de Bremen con un animal, ¿cuál elegiría y por qué?

JMS: Una pregunta totémica. Acaso el camello, que puede aguantar largo tiempo sin agua y sin deshidratarse.

12 – ¿Cuál ha sido el mayor desafío que tuvo que enfrentar durante su carrera profesional?

JMS: si tuviera que mencionar un solo punto, serían los momentos de conflicto en las relaciones humanas, interpersonales, en grupos grandes. Al dirigir una orquesta o un coro, la armonía entre las personas es no menos importante que la armonía entre los sonidos. Y como director, una de mis funciones es aceitar todas las posibles fricciones -reales o latentes- entre los miembros de esos ensambles. Algo similar ocurre a veces, pero en mucha menor medida, con los grupos de estudiantes.

13 – ¿Cuáles desafíos vendrán en el futuro?

JMS: Ya veremos cuando lleguen. No me interesa sufrir por adelantado.

14 – ¿Tiene usted una fórmula para el éxito?

JMS: Habría que definir antes qué es «éxito», lo cual no es tan fácil como puede parecer. Además he descubierto que hacer mucho hincapié en nociones como «éxito» afecta negativamente mi creatividad. Sí que tengo algunas maneras para hacer las cosas, algunas recurrencias, pero no puedo garantizar que sean perfectas – o extrapolables a otras personas. Por ejemplo, creo que mejor que trabajar «duro» es trabajar «bien»; es decir, atento y a gusto; disciplinadamente y con pasión. Por encima de todo, creo que la falta de concentración envenena el talento. Complementariamente, la networking -como técnica de trabajo- puede ayudar a encontrar soluciones en momentos de vacío, de punto muerto; pero cuidado: demasiada networking puede hacerte olvidar quién sos.

15 – ¿De qué fracaso ha aprendido más?

JMS: mi concierto más desastroso fue al final de un día de trabajo intenso, tras una noche después de haber dormido sólo un par de horas y en un autobús. Con menor virulencia, repetí experiencias similares en más de una ocasión, muchas veces obligado por las circunstancias. La moraleja es que el déficit de sueño es catastrófico para mi rendimiento. Lo cual no es ninguna revelación divina, por supuesto.

16 – ¿De qué manera libera nuevamente su cabeza?

JMS: La profesión musical no me encadena como para tener que liberarme, pero lo más parecido a una respuesta sincera es: jugando ajedrez en línea. ¿Sabían que muchísimos músicos, desde el barroco Philidor hasta el vanguardista John Cage, pasando por el neoclásico Sergei Prokofiev, jugaban al ajedrez? Entre muchos músicos, el ajedrez es una contraseña.

17 – Una nueva generación de científicos o de artistas se muda a Bremen. ¿Qué les aconsejaría para salir por la noche?

JMS: Creo que después de vivir un par de semanas en Bremen, son ellos mismos los que me van a enseñar a mí dónde salir por la noche.

18 – ¿A quién les presentaría a estos artistas y científicos en Bremen?

JMS: Les presentaría a la persona que más necesiten para su desarrollo personal o profesional, y esto cambiará en cada caso particular.

19 – Si pudiera usted intercambiar su vida por un día con una personalidad de Bremen o de Bremerhaven, ¿qué vida elegiría?

JMS: ¿Acaso el burro de los músicos de Bremen? Así, podría yo frenar un poco y el pobre animal estirar las piernas. Sin embargo, a largo plazo no me cambiaría por nadie. Me está llevando bastantes años construir lo que soy.

[Juan María Solare, abril de 2022]

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