Joker: ¿cuánto es imaginario y cuánto es real?

En la película Guasón (Joker) de 2019 se plantea la pregunta: ¿transcurre toda la acción en la imaginación del protagonista, o también en el mundo real? ¿Es todo una proyección de los deseos de Arthur Fleck, una manera de compensar sus carencias de personalidad, sus conflictos?

película Joker, la hora es 11:11 al principio y al final
película Joker, la hora es 11:11 al principio y al final

Un detalle superficial abre la puerta a la sospecha: cuando aparece un reloj de pared, éste marca siempre la misma hora (11:11), implicando que el tiempo no transcurre para el protagonista. La misma hora se muestra en el primer encuentro con la terapeuta y en el último diálogo, ya en el hospital psiquiátrico de Arkham, como si todo fuera un único encuentro.

Un segundo detalle, ya mucho más evidente, es la escena en el que Arthur está mirando el show de Murray por televisión desde su casa, e imagina que está allí presente y el conductor lo llama a la escena. Pero esto no es suficiente para derivar de aquí un desequilibrio mental serio: forma parte del proceso natural de identificación de los fans el deseo de compartir el escenario con sus ídolos, ser reconocidos y aprobados por ellos. Es un teatro mental completamente normal.

Aunque existe un tercer aspecto, a mi juicio muy revelador: la vecina de Arthur, la madre soltera Sophie Dumond, con quien él mantiene un romance acaso platónico. Repasemos. Tras un encuentro fortuito en el ascensor y un diálogo meramente gestual, cierta noche Arthur golpea en su puerta y es admitido sin mayores dilaciones. Luego la invita a salir, a presenciar su actuación como comediante en un club nocturno. Vemos también a Sophie acompañando y apoyando a Arthur en el hospital cuando su madre es internada en medio de la noche.

Hay una pregunta sin respuesta en estas dos últimas escenas: ¿dónde está la criatura en esas salidas nocturnas? La niña tiene unos 4 años de edad, es absolutamente impensable que la haya dejado sola. No se menciona tampoco la posibilidad de una baby-sitter o un familiar que pudiera quedarse a cargo de la niña por unas horas, particularmente en la visita de Sophie al hospital, obviamente no planificable.

Y el más claro indicio es la última escena en que aparece Sophie: Arthur se ha introducido subrepticiamente en su vivienda, ella está totalmente sorprendida, le pregunta si se ha confundido de departamento, le recuerda que tiene una hija menor, y le suplica que se vaya. Y le pregunta: «Tu nombre es Arthur, ¿verdad?» Es decir, no ha habido nada entre ambos, no se conocen. Ha sido una proyección de sus deseos, su interés amatorio.

¿Y lo demás? La revolución contracultural que Arthur desencadena, el asesinato vengativo de Murray Franklin, ¿transcurre todo en la mente de Arthur?

No creo que haga falta una respuesta tajante a este asunto. Aunque tiendo a pensar que mucho es imaginario y acaso algo sea real. Pero los límites no están claros, quedan intencionalmente ambiguos, borrosos.

De hecho, ni siquiera sabemos a ciencia cierta si Arthur ha sido adoptado o no. La documentación archivada en el hospital y algunos recortes de periódico parecen demostrar una adopción y maltrato infantil. Bien sabemos que con bastante dinero y la suficiente presión no es difícil comprar conciencias y modificar el pasado falsificando el papel que sea necesario. El relato oficial está condensado en la escena en el baño del teatro, entre Arthur y Thomas Wayne, el multimillonario y acaso padre de Arthur, para quien Penny Fleck había trabajado tiempo atrás: Penny habría adoptado a su hijo Arthur, y Thomas asegura que «nunca me acosté con ella«. Sin embargo, cierto detalle permite poner en duda esta versión oficial: una foto que Penny (la madre de Arthur) conserva en su habitación desde hace décadas: una foto de ella de joven, con la inscripción manuscrita detrás: «Love your smile – TW«, que bien podría ser Thomas Wayne.

Ambas versiones no son contradictorias: Thomas Wayne podía realmente estar encantado con la sonrisa de su empleada, podía haber coqueteado e incluso haber tenido un romance con ella – y además, Penny podía haber adoptado a Arthur.

De manera similar, tampoco hay contradicción en pensar que todo el relato es «real» y además transcurre en la mente de Arthur. Dicho de otro modo: es real, ocurre – y lo vemos a través de sus ojos. El malestar de la ciudad de Gotham (de la sociedad) tiene las mismas causas opresivas que el de Arthur (el individuo débil oprimido) – y ambas finalmente se encuentran.

Dicho lo cual, y puesto que estamos hablando de un film, el concepto mismo de «real» es ya sólo una manera de decir.

[ Juan María Solare, Bremen, 23 de agosto de 2021 ]

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