¿Para qué sirven los profesores, si puedo aprender todo en línea?

Aunque formulada de manera algo provocativa, la pregunta es absolutamente legítima y un tema muy actual (a pesar de que siempre ha existido el autodidactismo) porque existen recursos de aprendizaje online como jamás los ha habido. Hoy tengo acceso a materiales que en mi época de estudiante eran prohibitivos (por el precio) o bien directamente inaccesibles (edición agotada, importación imposible). Este sencillo hecho, lamento comprobarlo, muchas veces es totalmente subestimado por las generaciones del “todo está servido”. No tienen manera de imaginarse que NO siempre ha sido así, y no siempre le sacan todo el jugo posible. No pueden: si no se ha experimentado hambre o privaciones, es imposible imaginarse ‘cómo sería carecer de’. Pero este no es el tema central hoy.

La diferencia más importante, según yo lo veo, es que los materiales en línea no suelen responder preguntas personales. O bien: hasta encontrar la respuesta exacta pueden pasar horas. Un profesor puede responder directamente a tu pregunta en segundos (y si no puede responder, debería saber mucho mejor que nosotros cómo y dónde buscar). Multipliquemos eso por las numerosas dudas e incógnitas que se presentan en cualquier estudio profesional y nos daremos cuenta de que un profesor (un guía, un coach) ayuda, como mínimo, a no perder tiempo (y el correspondiente ímpetu).

  • Los materiales en línea tienen todos aproximadamente la misma autoridad (tema expuesto ya por Umberto Eco de manera algo brutal pero certera). La respuesta de alguien sin formación está al lado de la respuesta de un premio Nobel en la especialidad. ¿Valen ambas lo mismo? Independientemente del derecho a opinar, que no puede negársele a nadie, creo que en el ámbito de las opiniones no vale lo mismo “un burro que un gran profesor”, pero ¿cómo las diferenciamos? Respuesta: Hay que desarrollar un afinado criterio de selección.
  • Para formarse ese criterio de selección hay que saber ya bastante. Ese criterio de selección se forma, precisamente, bajo la supervisión de un maestro/profesor/docente/coach/entrenador.
  • Imaginemos que todas las respuestas están en internet. Pero si no sabemos las preguntas correctas, no sabemos en qué dirección buscar. Un maestro debería lograr que te plantees las preguntas correctas. Y debería conseguir que aprendas a buscar, filtrar, aceptar o rechazar lo que se encuentra.
  • Un profesor tiene -ha adquirido- la visión general de lo que te está enseñando. Conoce los rudimentos y las sutilezas, conoce el “menú” de lo que hay que saber. Y en caso ideal sabe cómo llevarte de un tema al otro. Esta estructuración del conocimiento es una de las ventajas básicas de un profesor no-virtual.
  • Según lo que estés estudiando, la experiencia de un profesor es imprescindible para hallar TUS problemas y TUS objetivos. Por ejemplo: yo enseño música (composición y piano). Es una disciplina artística, altamente personal. Las técnicas las puedes aprender por tí mismo (hasta cierto punto), pero la experiencia del profesor te señalará, al observar tus tendencias, qué es lo que te falta y cuál es la dirección en la que aparentemente quieres ir. Lo mismo es válido para otras disciplinas artísticas (pintura, cine, literatura).
  • En este sentido puedo comparar la función de un profesor a la de un psicoanalista que está indagando, mediante una estrategia de preguntas bien dirigida, dónde te aprieta el zapato.
  • Muchas cosas se pueden aprender en línea (o en la biblioteca, que los libros tampoco muerden), y de hecho me parece importantísimo que lo hagas, porque esto significa que tomas tu formación, tu educación, en tus manos, y no dependes totalmente de otros. Por ejemplo, en mi época de estudiante, un colega acababa de descubrir cierta partitura de Paul Hindemith en la biblioteca (el ‘Ludus tonalis‘), y estaba espantado porque “¿cómo puede ser que nunca me hayan hablado de esta obra magistral en el Conservatorio de Música?”. Estaba sinceramente ofendido. Respuesta obvia: pibe, en última instancia cada uno es responsable de aprender o no. Podemos exceptuar de esta responsabilidad a los menores de 12 años porque no han desarrollado en general la suficiente disciplina, pero tarde o temprano será mejor que la desarrolles o no serás competitivo en el mercado laboral. Sin olvidar el hedonismo: descubrir, aprender algo que uno no sabía -y que nos importa- produce un placer inenarrable.
  • Hay cosas que no se pueden aprender en línea: todas las disciplinas que requieren adiestramiento físico real, no virtual ni teórico. Desde un deporte a tocar (bien) un instrumento de música; malabarismo o defensa personal. Medicina (no aconsejo operarse con un Doctor que haya obtenido su saber únicamente con tutoriales de YouTube). Y todas las especialidades en las que la diplomacia y el factor humano es esencial, porque en ciertas carreras (como la abogacía) la hipocresía es imprescindible: no decir todo lo que se piensa, no sentir todo lo que se dice, manipular la información, dosificar la verdad. Aunque todos lo hacen, casi nadie lo pondría por escrito para no parecer falto de ética.
  • Por supuesto que hay tutoriales al respecto de tales disciplinas. Son las migajas de la profesión. Y claro que aprenderemos algo de ellos. Pero la función básica de un tutorial no es enseñarte – eso es lo superficial. La función de un tutorial, en realidad, es apuntalar la autoridad de un profesional. “Este sabe mucho más que yo – ahorro tiempo contratándolo”. Te desafío a que te liberes realmente de las cadenas que te ha puesto un secuestrador sólo por haber visto un tutorial de 30 segundos en TikTok.
  • Un aspecto puramente psicológico pero no carente de importancia: un profesor te ayuda a disciplinarte. Excepto que tengas una voluntad de hierro, no todos se ponen a estudiar de 9.00 a 13:00; con el tiempo bien estructurado en temas que quieren o necesitan aprender. “De 9 a 10 voy a estudiar la irracionalidad de la raíz cuadrada de 2; de 10 a 11 voy a estudiar gerundios en inglés, de 11 a 12 voy a estudiar sobre magnetismo en el núcleo terrestre”. Primero porque hay que saber que tales temas existen. Segundo porque hay que comprender que son necesarios: decir “no necesito aprender esto” puedes hacerlo a partir de cierta etapa vital donde tienes ya decisiones tomadas (carrera, especialidad) y cuando ya tienes un corpus de conocimientos más sólido. Desechar áreas de conocimiento en su totalidad porque “no me interesan” es la mejor garantía para un crecimiento intelectual desparejo; desecharlas porque “me cuestan” (que es habitualmente la causa real) sólo denota vagancia.
  • El hecho que el conocimiento sea accesible de manera exponencialmente mayor que antes tiene varias consecuencias para los profesores:
    • ya no pueden engañarte y contarte cualquier cosa. Puedes corroborar o refutar sus palabras en pocos minutos. Si dicen una pavada, puedes destruir su teoría con un poco de investigación personal.
    • Se acabó la superioridad de un docente basada únicamente en su memoria. Por generaciones, alguien que recordaba muchas citas era un sabio, aunque no hubiera aportado nada propio. Simplemente se acordaba de lo que otros investigaron. Esto es muy loable, por supuesto, y una precondición para poder interrelacionar conocimientos, pero ya no tiene la categoría semidivina de antes.
    • El profesor (y la profesora, por supuesto) está forzado a actualizarse constantemente, no puede darse el lujo de ignorar los últimos 20 años de conocimientos en línea de su especialidad. La buena noticia es que es posible hacerlo con facilidad, precisamente porque están fácilmente accesible.
  • Retomando la pregunta inicial, la respuesta muy sintetizada es que los recursos online te aportan lo general, lo básico, los fundamentos, las técnicas. Un profesor puede aportarte lo personal, lo individual, lo concreto. Las excepciones. Y además la visión general de lo que estás estudiando – y la disciplina para hacerlo.

[Juan María Solare, Bremen & Worpswede, 16-18 de julio de 2021]

Una respuesta para “¿Para qué sirven los profesores, si puedo aprender todo en línea?”

  1. Hej!

    Aprender en línea versus aprender con un profesor. Sé de mucha gente que lo ve desde otro prisma: gratis versus dinero. Pero yo lo suelo considerar más por el tiempo que dedicas para aprender; si aprender en línea necesitas tres meses frente a aprender con un profesor durante un mes (incluyendo la experiencia y poder hacer preguntas y desarrollar los contenidos a tus intereses propios), me parece más factible.

    Después de esto, cada uno tendrá que analizar que quiere gastar, si tiempo o dinero.

    Un saludo desde Suecia

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