El río Iguazú y la credibilidad educativa

Cierto día en la escuela -yo tendría unos 8 o 10 años- nos pidieron que hiciéramos un dibujo.

Mi hermano mayor acababa de regresar de un campamento en las cataratas del Iguazú, describiendo con lujo de detalles lo que había visto; así que pinté las cataratas del Iguazú de color marrón, tal como había escuchado en su relato y tal como son (porque están llenas de barro).

La profesora me dijo que las tenía que pintar de azul, porque el agua es azul.
Yo las había pintado como son y no como ella creía que deben ser.

Este episodio me hizo dudar ya a tierna edad de la efectividad del sistema educativo. Claro, en esa época no tenía herramientas conceptuales para decirlo de esta manera. De hecho no lo dije (y bien que hice).

Pero, ante mis ojos, súbitamente aquella maestra bajó su credibilidad al nivel cero: si en algo que veo claramente de un modo me dicen que es de otro modo, ¿por qué tendría que creerles cuando me enseñan otra cosa de la que no tengo experiencia directa?

Anecdóticamente, era una clase de religión.

[Juan María Solare, Bremen, 8 de febrero de 2019]

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