¿Es imprescindible el bandoneón en el tango?

por Juan María Solare

La pregunta es ligeramente provocativa, pero pertinente. Equivale a preguntar si el saxofón es imprescindible en el jazz, la guitarra eléctrica en el rock, o el órgano en la música eclesiástica.

Mis ideas al respecto:

Cada instrumento porta un “aura” que surge de las toneladas de obras escritas para él en determinado estilo, un “aura” que se relaciona con su historia, con su repertorio y con el vocabulario que ha ido desarrollando.

En este sentido es sencillo relacionar inmediatamente al bandoneón con el tango, como un reflejo pavloviano automático. (Este reflejo pavloviano quedaría destruido en el momento en que el bandoneón se comience a usar en otros géneros musicales.)

A pesar de todo, el tango como género musical es más grande que un instrumento en particular. Ergo el bandoneón no es imprescindible para el tango futuro. Es acaso deseable, pero no imprescindible.

Si nos referimos a tangos del pasado (por ejemplo de Aníbal Troilo o de Astor Piazzolla) la cosa cambia sustancialmente, porque ellos utilizaron el bandoneón “en primera persona” (es decir, eran simultáneamente compositores y bandoneonistas, y componían principalmente para tocar ellos mismos). Interpretar su obra sin bandoneón podría llevar a adulterarla (en cierta medida).

Y de hecho, si buceamos aún más en el pasado, en el origen del tango y de la milonga encontramos guitarras, a veces flauta o violín y -para ser sinceros- el instrumento que se tuviera a mano. A Carlos Gardel se lo escucha más acompañado por guitarras que por bandoneones.

Algo similar ocurre en las letras de tango: ¿es el lunfardo imprescindible para el tango? ¿Es más tanguero decir “mina” en lugar de “mujer”? Mi respuesta es claramente no. Hay numerosos tangos sin una gota de lunfardo (pienso en muchos de Gardel & Le Pera o en bastantes letras de Homero Manzi). Los tangos que abundan en lunfardo, además de ser casi incomprensibles (lo cual no es tan malo), tienden a ser artificiales, forjados, hieráticos.

Volviendo a la música, si pensamos en la evolución del tango (y no en –legítimas– reproducciones del tango ya existente), y si quisiéramos evitar el uso del bandoneón, el ideal no es pensar en un posible “reemplazo” del bandoneón, sino que un tango futuro se conciba ya desde el comienzo para ser tocado sin bandoneón. Buscar un reemplazo del bandoneón implicaría reconocer que en realidad es necesario … pero no lo tenemos.

[Juan María Solare, Bremen, 13 de mayo de 2018]

 

 

 

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